3 feb 2015

La desdicha del afortunado.

Sufrir, llorar, luchar, superar... Siempre tuve esa idealista percepción del amor. Un amor más allá de los prejuicios y la letal injuria provocada por la envenenada y filosa lengua de seres ajenos. Foráneos enervados por la falta de emoción en sus vidas, en sus almas.

Estúpidamente idealicé un sentimiento que se basara en la mera y pura imperfección; en dar y no recibir, en amar, desear, pero no querer; en celos, traiciones, efímeros contactos. E incluso siendo consciente de que vivía reclusa en mi propia mentira, me atreví a pensar que tú serías diferente. Una musa digna a la que retratar en cada verso, a la que desnudar con cada palabra, a la que dibujar a borbotones con extasiado placer sobre mi lienzo.

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