Yo solía ser de esas personas que creía en todo, en cada ser humano de este mundo, en cada caricia que me daban, en cada palabra de amor. Solía ser de esas personas que se refugiaba en los sentimientos y los expandía hasta horizontes inimaginables, intentando que alcanzaran a personas que nunca quisieron ser tocadas. Con la pequeña esperanza de dar un jaque mate a tu tosco corazón, esculpido con cicatrices y arañazos de mil almas malheridas, rotas en pedazos por las palabras nunca dichas.
Dime, ¿me recuerdas todavía? ¿Recuerdas lo poco que te hacía sentir? ¿Recuerdas esas estúpidas palabras de niña enamorada que te dedicaba día a día, deseosa de un poco más de tu atención? Siempre queriendo ser más interesante, más lista, más ella, más tú, más perfecta para tenerte a ti como te tenían otras. Siempre refugiándome en los brazos imaginarios que creabas con palabras sin saberlo.
Todavía duermo besando los recuerdos que nunca pudiste darme, el amor que nunca pude dedicarte, las canciones que nunca pude tocarte. ¿Me abrazarías ahora? ¿Tocarías mi corazón nuevamente con delicadas palabras tan sutiles como el pequeño lirio que crece en el jardín?
Sería tan feliz... tener de nuevo una pequeña burbuja en la que refugiarme, recuperar algo del pasado, algo hermoso que conservar en el baúl de cristal que siempre quise decorar. Déjame dormir otra vez, dormir de verdad, acurrucada entre las sábanas que huelen a ti, calentada sólo por ti. Permíteme ser yo, ser solamente yo y solamente para ti.
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