2 abr 2014

Reflexiones singulares.

Hace demasiado que no tengo nada que escribir, que mi inspiración falta. ¿Por qué? No lo sé. Perdí mi musa, o quizás el dolor fue menguando y eso provocó que no tenga nada que expresar. 
Antes solía ser una de esas escépticas, creyendo constantemente que el desconsuelo sería mi eterno compañero -y aliado en varias ocasiones-, pero las cosas han cambiado, y poco a poco ha ido desapareciendo. Y joder, lo extraño, ¿sabes? Ese sentimiento punzante que me hacia agonizar noche tras noche, que me hacía levantarme entre lágrimas y sudor, empapada de emociones ilógicas. Necesito sentir el vacío que había en mi pecho, por simple egoísmo, porque así, de cierta manera, siento que todo fue real, que no estoy olvidando aquello que en algún momento me hizo feliz.
Se ha extinguido como el fuego, dejándome sólo las cenizas. 
Putos residuos inservibles. Porque claro, si dijeras que he perdido completamente la memoria todo sería mucho más sencillo, no sé si me explico... Es, simplemente, que si fuera así no recordaría aquello por lo que tanto ansío sufrir. Y es que para mí el pesar es la mejor forma de guardar (estúpidamente) las memorias que compartía contigo y atesoraba sin ti. 

Hay días en los que me levanto y me pregunto que estoy haciendo con mi vida. ¡Joder! Esta mierda no tiene ni pies ni cabeza. Ando lamentándome sin lamentar, gritando sin gritar, esperando a que llegue alguien que me necesite como sólo yo sé necesitar, que guarde en su interior esa risa apagada que poder avivar. 
Todo esto sólo me lleva a pensar que estoy loca, majareta, ¡desequilibrada mental y emocional! Esperando como un cachorrillo sin amo, aguardando un nuevo ser al que querer. Sí, esa jodida y desquiciada persona que consiga paciencia hasta del mismísimo cielo para coger cada trozo de mi alma maltrecha y que, cuidadosamente, pegue cada fragmento con el más fuerte pegamento. Un adhesivo tan potente que el próximo sujeto que intentara romperme dijera "¿pero esta chica ha salido del infierno o qué?", y eso quiero, tener que convertirme en el mismísimo diablo para conservar intacto aquello ya cicatrizado, más débil de lo normal, pero más resistente de lo que parece. 

Nunca lo pensé seriamente, posiblemente tampoco lo piense ahora. Siempre que reflexiono algo acabo cambiando de opinión, formulando más preguntas de las que cualquier dios o humano podría responder. Y es que nadie tiene las respuestas que los corazones ajenos necesitan, pues ni siquiera tenemos las que podrían curar los nuestros. No obstante, no por todo este paripé sin sentido que acabo de plasmar voy a hacer la afirmación que tan obvia es. "Sólo soy una muñeca rota", lo habría admitido con tanta facilidad hace algunos años, o incluso hace algunos meses, pero ahora me conformo con decir "soy una persona en fase de reconstrucción". 
Puedo seguir cuestionando todo aquello que me rodea, puedo seguir viendo los cambios diarios del mundo, de las personas que me rodean (y que desearía que me rodearan) y de mi propia vida. Mía. Me he convertido en una persona altamente posesiva con aquello que sólo yo tengo derecho a llevar, a manejar, a moldear. ¿Lo mejor de todo? Puedo darme el gusto de despedirme de gente que se va, saludar a los que vienen. Me quejaba de que no pude despedirme de la persona más importante de mi vida, y luego me volvía a lamentar por los que me abandonaban, pero, ¿acaso no es genial que se vayan y, esta vez, tenga la grata oportunidad de elevar mi mano o mi voz, y decir claramente "adiós, ha sido un placer tenerte conmigo"? Ya te digo que mañana podré cambiar de opinión, y es que creo que me hace falta medicación, me planteo seriamente tener bipolaridad. No significa que no me duela, pero el mayor sufrimiento ya lo pasé, y de cierta manera lo superé; sigo siendo ilógica en mi totalidad, pero no hasta el punto de no ver que mi propio interior no se quiebra igual. 
Llegarán maravillosos seres vivos que me harán temblar con sólo una palabra, porque no les haría falta más para hacerme sonreír, y otros que me harán derramar hasta la última lágrima salina que quede en mis ojos, hasta secarlos. Sin embargo, he aprendido una valiosa lección, señores, y es que el don de querer a alguien con todo tu ser es el mejor de los regalos. No, no es que te quieran, eso es algo secundario incluso. Lo fundamental es amar para que los demás te amen, y ni siquiera incluyas a un extenso número de personas, porque nunca será así. Quédate con una, con dos, atesóralas. Algún día abrirán esas preciosas alas que esconden y se irán, pero no por ello te quedarás más solo. Y si fuiste una pieza fundamental para el puzzle que compone sus vidas, siempre podrás expresar en estúpidas y desaliñadas letras lo que sientes; te saldrá tan natural como respirar, o como buscar el aire cuando estás bajo el mar. 


Atentamente,
esa persona ilógica que podrías llegar a ser tú.

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