11 feb 2011

Descubrimientos.

Comenzaron a subir por unas escaleras de madera destartaladas a causa del tiempo y el poco cuidado que habían recibido. En el segundo piso Ann sacó unas llaves y abrió la puerta de una casa, y con su mano le indicó a Amelia que pasara. Al entrar la pelirroja se quedó asombrada, se preguntaba cómo algo tan sucio y destrozado por fuera podía tener en su interior una casa tan hermosa y amplia. Se dedicó a curiosear las fotos colocadas con delicadeza encima de una pequeña mesa mientras Ann llenaba una pequeña copa de vino.

-¿Quieres?- Dijo con voz clara y suave mientras le ofrecía la copa.
-Gracias...
-Así que nunca lo has hecho con una mujer, ¿no?
-No, realmente no.
-Veo. Pues no tienes de que te preocuparte.- Ann sonrió confiada acercando sus labios a los de Amelia y acariciándole la mejilla con una extrema delicadeza, como si en un movimiento en vano su acompañante se pudiera romper.
Amelia sentía en sus mejillas el tacto suave de la mano de Ann, sentía un cosquilleo allí por donde ésta pasaba, cuando los labios de ambas se rozaron algo en Amelia se encendió, una chispa que nunca antes había notado en su interior, sintió sus mejillas sonrojarse, su piel ponerse de gallina, sus manos ansiosas por buscar la cara de Ann. Cuando ésta se separó, ella no pudo evitar seguir sus labios con los suyos y estirar su mano hasta poder acariciar su mejilla.
No sabía como expresar muy bien lo que sentía en ese momento, un escalofrío caliente recorría su cuerpo desde todas sus extremidades hasta llegar al centro de su ser. Besó los labios de Ann, esos que la transportaban a una locura inmensa y desbordante, a continuación siguió con su cuello y hombros para finalmente acabar con unos pocos besos dulces en su clavícula. Sin reparo, Ann la empujó hacia atrás, despejando el escote de Amelia de su cabello anaranjado, acto seguido acarició su vientre y comenzó a subir la mano con dulzura, escuchando atentamente la respiración entrecortada de Amelia y observando atentamente sus mejillas sonrojadas que le daban un aspecto tan inocente que conseguía volverla loca. Cuando la joven pelirroja sintió la mano de su acompañante rozando su pecho tuvo el impulso voraz de comenzar a lamer su oreja, su mandíbula, sus labios que sabían a miel fresca...
Las estrellas observaron la escena asombradas, una noche fría repleta de gemidos y pasión. De besos y caricias. De sabores y descubrimientos.

1 comentario:

  1. Siempre he tenido dudas sobre ese tema y sigo con ellas... me llegó muy hondo ese texto, no sabes cuanto.


    Muchas gracias por todos tus consejos. De verdad que me alegran el día y me ayudan bastante. Muchas gracias por todo, por estar ahí y por brindarme siempre una palabra de apoyo... Gracias =)


    Y respecto a D., tengo tantas dudas... ya no por como me siento o no creer que soy buena para alguien sino que... son tantas cosas, ya te las explicaré...

    TQ bonita!

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