Querido Antonio:
De nuevo, tras años sin escribirte, extrañando sin llorar, escondiéndome en mis propias grietas. Hoy, de nuevo, regreso a ti; pequeña y asustada, como la niña que nunca quise que vieras y en la que me convertí luego de tu pérdida. Por favor, no te equivoques, no me juzgues, te necesito tanto o más que el primer día que te fuiste, pero trato de vivir constantemente con la fantasía de que soy más fuerte de lo que aparento.
Hoy esa yo que creía que estaba enterrada salió, se sintió asustada y quiso rendirse de nuevo. Papá, sería tan increíble haber cambiado lugares contigo... Y sé que en algún lugar te están rompiendo estas palabras, y me disculpo por ser una hija tan ingrata. El pensamiento de que el mundo habría sido tan bello sin mí, que tanta gente habría sido feliz contigo y sin mí, se cruza por mi mente como un relámpago tortuoso que alumbra cada miedo a su paso.
No, no tengo miedo a desaparecer porque el que se va nunca sufre, el que se va sólo encuentra paz. ¿La encontraste tú? ¿Me acogerías hoy si quisiera reunirme contigo de nuevo? ¿Me abrazarías y me permitirías llorar? Estoy asustada y no es por perderme a mí. Yo misma me desvanecí hace mucho tiempo, tanto que ya no recuerdo como era la sensación de mirarte o reír contigo.
Hoy, tras tanto tiempo, puedo decir que te necesito, y sin embargo estoy aterrada de no ser la hija de la estarías orgulloso. No soy tan buena persona, no hago reír a los demás como tú, no los acojo en mi regazo como si fueran un rebaño que necesita protección; soy egoísta, soy cobarde, soy insensible, y soy diminuta. Tan diminuta que ni yo me encuentro. ¿Puedes encontrar algo de la yo que tú amabas en la yo que ni siquiera yo puedo amar? ¿Puedes acogerme y dejarme dormir eternamente contigo?
Mi querido y amado padre, por favor, permíteme rendirme. No voy a ser tan ególatra de pedirte que me dejes darle al mundo la paz que se merece, porque no soy un ser tan magnánimo, pero ruego que me permitas darme la paz que yo necesito. Déjame darles tranquilidad a las personas a las que no paro de romper continuamente.
Déjame desaparecer contigo. Hoy y para siempre.
Permíteme ser insignificante justificadamente. Prometo caer en el agujero negro de mi más profundo terror con el mayor de los gozos, con la mejor de las sonrisas. Pero déjame estar contigo, déjame ser lo suficientemente egoísta como para no preocuparme de que mamá se quede sola.
Y gracias, gracias por darme la fuerza necesaria para quedarme un poco más aunque las olas me arrastraran a lo más profundo del océano, por darme el valor de decir cada día "un día más", por darme la entereza de mirar a los ojos de las personas aún con las lágrimas corriendo por mis mejillas; gracias por darme la capacidad de morder mis labios hasta sangrar con tal de no gritar en las noches cada vez que me hacía pedazos. Gracias por permitir que personas que no me amaron pero yo elegí llegaran a mi vida, y todavía te agradezco más que las sacaras de ella.
Lo siento, por no ser capaz de aguantar un poco más. Todavía duele la idea de que un día pudiera tener una pequeña extensión de mí a la que pudiera destrozar con mi forma enferma de amar, y duele el saber que tú no estarías para poder guiarme en el proceso de querer. Discúlpame por no poder dar un paso más.
Te extraño cada día como si fuera el primero, y espero que hoy sea el último en extrañarte.
Y gracias, gracias por darme la fuerza necesaria para quedarme un poco más aunque las olas me arrastraran a lo más profundo del océano, por darme el valor de decir cada día "un día más", por darme la entereza de mirar a los ojos de las personas aún con las lágrimas corriendo por mis mejillas; gracias por darme la capacidad de morder mis labios hasta sangrar con tal de no gritar en las noches cada vez que me hacía pedazos. Gracias por permitir que personas que no me amaron pero yo elegí llegaran a mi vida, y todavía te agradezco más que las sacaras de ella.
Lo siento, por no ser capaz de aguantar un poco más. Todavía duele la idea de que un día pudiera tener una pequeña extensión de mí a la que pudiera destrozar con mi forma enferma de amar, y duele el saber que tú no estarías para poder guiarme en el proceso de querer. Discúlpame por no poder dar un paso más.
Te extraño cada día como si fuera el primero, y espero que hoy sea el último en extrañarte.
Con amor,
tu catástrofe.
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