Durante años tuve la misma y monótona vida: Me despertaba y tocaba con la punta de los dedos el suelo, sin hacer el más mínimo gesto de incorporarme; luego extendía mis brazos a lo largo de la cama en busca de un fantasma.
Eras tú.
Te buscaba de esa forma loca y desesperada que sólo tu ausencia podía crear. Deseaba con ansias el vertiginoso final del calor de nuestras bocas, de nuestros cuerpos; tu voz resonando contra la piel de mi cuerpo. Mi vida se componía de la excesiva búsqueda de la dualidad, de dejar atrás un "tú y yo" por un "nosotros". Sólo se trataba de sueños imposibles que una cabezota enamorada no quería abandonar.
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