Pues bien, una noche, con todas las luces apagadas,desperté en la cama borracho pero claro, sabes,súbitamente claro las sucias paredes.La falta absoluta de objetivo, la tristeza del todo.Y me apoyé en un codo y miré alrededory parecía que todos se habían ido.Sólo aquellas botellas de vino vacías tiradas,iluminadas por la luna.Dura y grosera mañana esperando,y miré a mi alrededor en la camay allí aquella forma humana.Una tía había decidido quedarse conmigo…Aquello era amor, aquello era bravura.
Mierda, ¿quién podía soportarme en realidad?Cualquiera que pudiese soportarmetenía mucha indulgencia de alma.Tenía sencillamente que recompensar a aquel dulcey querido cervato por tener las agallas,la penetración y el valor de quedarse conmigo.
Memorias de un viejo indecente, Charles Bukowski
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