30 ago 2011


Llego a nuestra plaza y te busco, desesperada, inquieta. Te veo a lo lejos, sentado, paciente. Me acerco, te miro y tú me devuelves la mirada con una gran sonrisa en los labios. Tu sonrisa... sabía que la había extrañado, pero no imaginé que me fuera a impactar tanto al volver a verla. Y esos ojos negros que parecen el túnel hacia un mundo más allá de la realidad. Bueno, al fin y al cabo contigo todo es irreal, un cuento de hadas sin fin, en el que no hay ogros ni brujas malignas que vengan a romper el encanto del sueño. No tienes nada que ver con príncipes estúpidos, tú eres más bien el rey que ya ha matado a los dragones, pero sigues sin encontrar a la reina, por lo que sigues siendo un rey solitario en busca de un amor que te corresponda aun amando a otra persona que no te corresponde.
Me miras otra vez... ¿Cuánto rato llevaré grabando cada milímetro de tu belleza? Te sonrío, te levantas y colocas tu mano en mi mejilla. Entonces noto tus labios posarse sobre los míos y mi mente se queda en blanco. Se me había olvidado que tu boca también era una puerta a un lugar lleno de colores y sabores. Separas un poco tu cara y jugueteas con mi pelo, y yo... yo vuelvo a besarte, vuelvo a buscar esa puerta que es tu lengua. Sé que esto hace daño, sé que no me amas y que no lo harás. La amas a ella. Me besas y la ves, y la sientes, y la tocas... sólo a ella, porque tu corazón siempre ha sido y será suyo, y mi corazón siempre ha sido y será tuyo.

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