-Lo siento...- susurró. A Amelia le encantaba como sonaba la voz de Ann al susurrar, tan serena y clara. -De verdad que lo siento... Por favor... espero que algún día seas capaz de perdonarme.
Amelia la miró y se asombró de ver que Ann era incluso más hermosa por la noche, bajo la luz de la luna y las luciérnagas. Parecía que la rodeaban intentando iluminar su cara, intentando sacarle una sonrisa angelical. Amelia apartó con la mano a las luciérnagas y acarició la cara de la morena.
-Yo te perdono todo... Siempre y cuando no te vuelvas a ir de mi lado.
Ann se sorprendió, para luego dedicarle una dulce sonrisa a la pelirroja. ¿Cuánto era capaz de amarla aquella pequeña pelirroja de curvas despampanantes? ¿Por qué a ella? No encontraba respuestas a sus preguntas, pero eso a ella le daba igual. Amelia la hacía sentir única y especial, como si sólo existiera ella ante sus ojos. "¿Es esto amor?" se preguntó, "no sé nada de amor, ¿cómo voy a poder amarla como ella me ama a mí?". Preguntas y más preguntas.
A pesar de tantas dudas, una vocecilla en su interior le gritaba que la besara, y así lo hizo. Agarró el mentón de Amelia con delicadeza y la atrajo hacia sí. Le gustaba tanto su olor, ese olor entre rosas y vainilla. Sus labios se rozaron un par de veces para luego convertirse en un beso apasionado que las convertía en una. Al separarse, Ann se rió por lo bajo.
-¿De qué te ríes?- Le preguntó Amelia enfurruñada como una niña.
-Nuestro beso... ha parecido como los típicos besos de película, esos que dejan a cualquiera atónito- Volvió a reir un poco, pero esta vez Amelia rió con ella, para luego darle otro beso que haría sonreír a la mismísima luna.
A veces no hay que saber de algún tema para ser especial y única, solo hay que dejarse llevar :)
ResponderEliminarComo siempre, tus textos alucinantes pequeña poetisa! (L)