- Odette, te quiero, ¡joder! ¡Te quiero! ¿Por qué siempre tienes que complicarlo todo?
- No lo complico, fuiste tú quien decidió esto...
Ahora sólo eran dos almas doloridas en la penumbra luchando por salvar sus corazones. Por tener rasguños, pero no cicatrices... Ambos sabían que el sentimiento de haber sido rotos lo sentirían en cuanto se separasen, sin embargo, ellos no luchaban por eso, luchaban el uno contra el otro intentando salir menos herido, quizás era instinto de supervivencia, ganas de protegerse a sí mismos.
En ese momento, de Cedric salió una voz casi insonora y temblorosa.
- Lo siento. Yo... quería estar contigo, sin importarme como, sin importarme lo que a ti te doliera. Nunca me paré a mirar hacia atrás cuando me iba y te quedabas sola, y a pesar de saber que me iba con otra, siempre me saludabas con el mismo beso cálido y la misma sonrisa alegre. Soy un egoísta.
- Sí, lo eres, tanto como lo soy yo por haber aguantado todo esto por mi propio bien, porque sabía lo que me dolería. Pero ya no puedo más. Éste va a ser nuestro adiós definitivo, Cedric. Te quiero, sí, no lo voy a negar, aun así esto ha llegado demasiado lejos.
Él, sin mediar palabra, se dio media vuelta y empezó a caminar en dirección a la puerta, Odette miró fijamente como se abría la puerta y como él se disponía a irse, pero no sin antes decir sus últimas palabras, no sin antes tener su último momento:
- Te quiero, Odette.
Y con esas palabras se cerró la puerta. Odette comenzó a derramar lágrimas, que recorrían desde sus ojos hasta su cuello, haciendo una pequeña parada en su boca, derramó tantas lágrimas mientras escuchaba los pasos de su dolor alejándose.
- No lo complico, fuiste tú quien decidió esto...
Ahora sólo eran dos almas doloridas en la penumbra luchando por salvar sus corazones. Por tener rasguños, pero no cicatrices... Ambos sabían que el sentimiento de haber sido rotos lo sentirían en cuanto se separasen, sin embargo, ellos no luchaban por eso, luchaban el uno contra el otro intentando salir menos herido, quizás era instinto de supervivencia, ganas de protegerse a sí mismos.
En ese momento, de Cedric salió una voz casi insonora y temblorosa.
- Lo siento. Yo... quería estar contigo, sin importarme como, sin importarme lo que a ti te doliera. Nunca me paré a mirar hacia atrás cuando me iba y te quedabas sola, y a pesar de saber que me iba con otra, siempre me saludabas con el mismo beso cálido y la misma sonrisa alegre. Soy un egoísta.
- Sí, lo eres, tanto como lo soy yo por haber aguantado todo esto por mi propio bien, porque sabía lo que me dolería. Pero ya no puedo más. Éste va a ser nuestro adiós definitivo, Cedric. Te quiero, sí, no lo voy a negar, aun así esto ha llegado demasiado lejos.
Él, sin mediar palabra, se dio media vuelta y empezó a caminar en dirección a la puerta, Odette miró fijamente como se abría la puerta y como él se disponía a irse, pero no sin antes decir sus últimas palabras, no sin antes tener su último momento:
- Te quiero, Odette.
Y con esas palabras se cerró la puerta. Odette comenzó a derramar lágrimas, que recorrían desde sus ojos hasta su cuello, haciendo una pequeña parada en su boca, derramó tantas lágrimas mientras escuchaba los pasos de su dolor alejándose.
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