26 may 2010

Ángel.

Me gusta pensar que en algún rincón de este mundo tú estarás, sentado como siempre, esperando mi llegada, con tu preciosa sonrisa dibujada en la cara, esperando paciente el día de marchar. Porque al fin y al cabo es eso lo que siempre haces, me dejas amar y luego te vas, llevándote contigo toda mi vida y lealtad.

En ese momento en que desapareces en la ceguera de mis lágrimas, es cuando me doy cuenta de que nunca volverás.

¿Sabes? No serás capaz de amar de verdad a no ser que abandones tus miedos a perder. Porque amar es eso, enseñar tu lado más débil y dejarte vencer una y otra vez hasta que llegue el día en que todo habrá valido la pena. Entonces como un ángel con alas de plata podrás volar libre por el cielo, con un corazón puro y sincero.


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