Me vas a doler.
Me dolerás tanto que la idea de huir no se me hará tan descabellada, que las ganas de desaparecer de tu mente se hará tan patente que al estirar el brazo podré tocarla, podrás sentirla. Entonces dejaré de buscar respuesta a tus miradas dubitativas, dejaré de esperar impaciente palabras vacías.
Porque me dolerás. Y yo no te doleré.
Al final todo se compone de eso, girando en torno a mí, a mi egoísta deseo de dejarte mi marca permanente, que te arda con sólo el roce del humo de el cigarro que algún día podrías sostener entre tus dedos temblorosos. Porque podré desvanecerme entre el vaho, pediré olvidarte en incontables ocasiones, en diversos idiomas si es preciso, pero no querré que tú me olvides; todo por mi propia satisfacción y placer de decir que hay alguien que siempre será mío, en mayor o menor medida.
Por mi auto-compasión, por mis ganas de destrozarme a mí misma.
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