Existen esas veces en que la confusión te abraza como la más feroz y cruel de las amantes, devorando cada pequeño resquicio del ayer, de tu ayer. ¿Y entonces qué? ¿Qué queda después? Las miradas dubitativas, las caricias mal repartidas, las palabras ya partidas.
Respecto a ti los interrogantes siempre me pueden, me vencen, me aplastan.
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