Y al ritmo de un bals la noche pasó, entre caricias y suspiros, lágrimas y alivios, amores podridos y corazones dolidos. Y así sonidos repentinos, pero tan suaves que apenas se escuchaban en la inmensidad de esa bruma oscura que la abrazaba.
Absorta en fotografías de un pasado lejano para su alma y cercano para su memoria, consumida en copas de vino, porque, aunque ni ella misma lo admitía, su subconsciente creía que así se veía más fina, más delicada, cuando, en realidad, el objetivo era el mismo, beber hasta olvidar.
"Tiii... tiii... tiii..."
-Maldita sea... Coge el puto teléfono -decía entre dientes, tragando sus propias lágrimas al mismo tiempo que llevaba el vaso a sus labios. -¡Cógelo, joder!
Salta el contestador, y ella, desesperada, se toma sus segundos para reflexionar si hablar o colgar. "¿Pero qué coño haces? Él te dejó, así, sin más. ¿Para qué te arrastras?". Enciende un cigarrillo y con una primera calada comienza a hablar mientras el humo se esfuma en su camino ascendente.
-Bueno... yo... no sé qué debería decir. Ha pasado tiempo desde que no estás. Sé que tienes una nueva vida, una nueva... persona a la que... bueno, ya sabes. No sé si habrás escuchado los demás mensajes que te he dejado... -traga saliva e intenta contener esas gotas de agua rebeldes que salen de sus ojos, haciendo caso omiso a su mente que implora que se queden en su lugar- Te echo de menos, la vida sin ti no es igual. ¿Qué digo? Sin ti ni siquiera tengo vida. Los días pasan como semanas, las semanas como meses... ¡Joder! ¿¡Qué coño tiene la puta esa que no tenga yo!? ¿¡No lo ves!? ¡Yo te amo de una forma de la que nadie más te amará! Y... yo siempre seré la persona a la que tú quisiste, pero no pudiste amar... La diferencia es que ahora no tengo esa sonrisa que tanto te gustaba provocar... ¿Sabes? He estado con tantos hombres que he perdido la cuenta, les he contado cuanto te amaba, les he intentado convertir en ti, pero acabo estando con ellos una noche y luego se van, y yo, sinceramente, quiero que se vayan... Yo... no te volveré a molestar, esta será la última llamada. Adiós, y, recuerda, que siempre te amé como nadie.
Cuelga el teléfono y rompe a llorar, rompe a gritar. Tira mesas y destroza fotos, hasta que ve la foto preferida de él, una foto en blanco y negro en la que salen mirándose, sonriendo alegremente, ella enamorada y él deseando estarlo, los ojos de ella iluminados, los de él heridos. Se arrodilla y abraza la foto, con tanto amor y delicadeza como una madre abraza a su hijo después de que éste se haya caído.
En llamas su corazón, en inundaciones su alma. Él se fue para no volver y ella se quedó esperando un regreso que nunca sucederá.
Absorta en fotografías de un pasado lejano para su alma y cercano para su memoria, consumida en copas de vino, porque, aunque ni ella misma lo admitía, su subconsciente creía que así se veía más fina, más delicada, cuando, en realidad, el objetivo era el mismo, beber hasta olvidar.
"Tiii... tiii... tiii..."
-Maldita sea... Coge el puto teléfono -decía entre dientes, tragando sus propias lágrimas al mismo tiempo que llevaba el vaso a sus labios. -¡Cógelo, joder!
Salta el contestador, y ella, desesperada, se toma sus segundos para reflexionar si hablar o colgar. "¿Pero qué coño haces? Él te dejó, así, sin más. ¿Para qué te arrastras?". Enciende un cigarrillo y con una primera calada comienza a hablar mientras el humo se esfuma en su camino ascendente.
-Bueno... yo... no sé qué debería decir. Ha pasado tiempo desde que no estás. Sé que tienes una nueva vida, una nueva... persona a la que... bueno, ya sabes. No sé si habrás escuchado los demás mensajes que te he dejado... -traga saliva e intenta contener esas gotas de agua rebeldes que salen de sus ojos, haciendo caso omiso a su mente que implora que se queden en su lugar- Te echo de menos, la vida sin ti no es igual. ¿Qué digo? Sin ti ni siquiera tengo vida. Los días pasan como semanas, las semanas como meses... ¡Joder! ¿¡Qué coño tiene la puta esa que no tenga yo!? ¿¡No lo ves!? ¡Yo te amo de una forma de la que nadie más te amará! Y... yo siempre seré la persona a la que tú quisiste, pero no pudiste amar... La diferencia es que ahora no tengo esa sonrisa que tanto te gustaba provocar... ¿Sabes? He estado con tantos hombres que he perdido la cuenta, les he contado cuanto te amaba, les he intentado convertir en ti, pero acabo estando con ellos una noche y luego se van, y yo, sinceramente, quiero que se vayan... Yo... no te volveré a molestar, esta será la última llamada. Adiós, y, recuerda, que siempre te amé como nadie.
Cuelga el teléfono y rompe a llorar, rompe a gritar. Tira mesas y destroza fotos, hasta que ve la foto preferida de él, una foto en blanco y negro en la que salen mirándose, sonriendo alegremente, ella enamorada y él deseando estarlo, los ojos de ella iluminados, los de él heridos. Se arrodilla y abraza la foto, con tanto amor y delicadeza como una madre abraza a su hijo después de que éste se haya caído.
En llamas su corazón, en inundaciones su alma. Él se fue para no volver y ella se quedó esperando un regreso que nunca sucederá.
No hay comentarios:
Publicar un comentario