Amelia, sentada el borde de la ventana, con su cigarrillo encendido y alcohol en la sangre recordaba sus años de inocencia, esa época en la que nada importaba, en la que todo estaba bien, en la que era tan ignorante que muchos la daban por estúpida, pero aún así, al mirarse al espejo sigue deseando ser aquella persona, aquella que era antes de quedarse sin nada.
Una lágrima salada cayó por su mejilla, haciendo paso en su boca.
- Al fin y al cabo, yo decidí quedarme sin nada, fui yo la que alejó todo el resplandor, -dijo en susurros- al fin y al cabo...
Justo entonces, un hombre se levantó de la cama de Amelia y empezó a vestirse, parecía un hombre importante, un hombre de negocios. Amelia sin ton ni son le miró, entonces el hombre se acercó a ella y posando su dedo en el labio de la joven le dijo:
- Cariño, cada vez lo haces mejor. Toma, tus 100 euros.
- Tendré que cobrarte más entonces.
- Ni lo sueñes, tampoco eres para tanto, nadie pagara más por ti. Me voy ya, no quiero que mi mujer sospeche.
El hombre con expresión divertida le dio un beso, Amelia no sabía como contener su mueca de asco, recordaba todo lo que había hecho con él esa misma noche, como dejó que él la tocara, recordó tantas cosas, sentía tanto asco de sí misma. El hombre se fue, con cara de satisfacción, puede que él fuera el único feliz en ese momento.
Otra calada más y un gran trago de vodka, ella sólo quería olvidar.
Oh, i like it. Anque es un poco mmmm, no se, triste?
ResponderEliminarlo has escrito tu?