23 ago 2010

Ella temblaba, estaba paralizada, en ese momento él la cogió por el cuello, empujandola contra la pared, con cuchillo en mano le amenazó a grito limpio. Ella lloraba, lloraba muchísimo, pero no gritaba, en cierto modo, se la puede considerar valiente.
La niña encerrada en el cuarto por su padre, no se separaba de la puerta, ella ya no lloraba, estaba acostumbrada a tantos gritos y lágrimas, aún así, le dolía, le dolía en lo más hondo de su alma.
Cuando la discusión terminó, su madre fue al cuarto, y con una voz entre asustada y enfadada, le dijo a la pequeña niña; "Si llego a esperar por ti me muero."


Me pregunto qué será de esa niña hoy en día.

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